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martes, octubre 09, 2007

Los martes: CINECLUB - 66 - Celebración


Festen - 1998 - Director: Thomas Vinterberg

Reparto:
· Ulrich Thomsen (Christian Klingenfeldt)
· Henning Moritzen (Helge Klingenfeldt)
· Thomas Bo Larsen (Michael)
· Paprika Steen

Guión: Thomas Vinterberg y Mogens Rukov
Fotografía: Anthony Dod Mantle

En 1995, varios directores, auspiciados por Lars Von Trier, dan a conocer un documento (Voto de castidad) con el que pretenden recuperar la pureza del cine. Nace el Dogma 95. Tras el decálogo se escondía un esnobismo desbordado (hay que decirlo) y un propósito de enmienda (que prácticamente nadie, gracias a Dios, pudo cumplir, mi admirado Von Trier el primero). De todos modos, de esa búsqueda de la verdad sin trampa nace esta película inquietante, donde Vinterberg prescinde de artificios, se arma de buenas actuaciones, de un guión desconcertante, y narra una sátira brutal.

Reunidos en un caserón para celebrar el cumpleaños del patriarca, Helge, un puñado de familiares se juntan para disfrutar de una deliciosa velada donde, salvo las pequeñas rencillas de siempre, nada puede salir mal. Sin embargo el torrente de los recuerdos perdura, y nadie va a poder evitar revivir a Linda, su suicidio reciente. Están sus hermanos, Michael, maleducado y ruin, Helene, la hermana rebelde, y Christian, a quien corresponde decir unas palabras en honor de su hermana, clin-clin-clin, golpea la copa con la cucharilla (todo normal), empieza su discurso y destroza la porcelana de esa falsa calma.

Tragicomedia de sobreentendidos y sospechas. Los fantasmas del pasado sembrando el pánico en la hipocresía de los Klingenfeldt, una familia de la alta burguesía danesa, condenada al silencio, a los secretos terribles, a la locura. ¿Miente Christian? ¿qué es más terrible, su mentira o la insoportable posibilidad de que diga la verdad? La convicción en el rostro de Ulrich Thomsen es el sello (descarnado dogma) de esta película nada complaciente.
Una fiesta claustrofóbica en la que los brindis se suceden, las escenas se multiplican con simetría kafkiana, y se avanza irónicamente, despacio, por la senda de lo trágico, sin prisa, cámara al hombro.
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