Sé de muy buen tinta que os encantan las historias de hombres sudorosos en el gimnasio. Cada vez que cuento una de estas triunfo. De verdad, sois tan previsibles...
Precisamente hoy me acordaba de una anécdota que me pasó en Zaragoza y me decido a compartirla con vosotros, aunque no os lo merezcáis.
Cuando vivía en Zaragoza iba a un gimnasio de barrio, pequeño, acogedor, ventilado. Un día tiraron la casa por la ventana e instalaron una sauna en el vestuario masculino (tal vez también en el femenino, pero nunca llegué a comprobarlo). La sauna apareció de repente, sin explicaciones ni instrucciones.
Yo solía ir a horas poco concurridas, así que las posibilidades de entablar conversación eran escasas. Sin embargo un día llegué por la mañana, a eso de las diez y media , y había un señor en el vestuario. Un señor señor, de unos 60 años, flaco, repeinado, con su conjunto impecable de chándal y zapatillas de ir a comprar el periódico los domingos, un tipo digno que me contó que se había apuntado a una especie de gimnasia de mantenimiento extraña con pelotas hinchables, juegos y mucho cachondeo. Un oasis, vamos, un Benidorm para matrimonios, viudos, divorciados, jubilados todos en definitiva.
"Yo qué sé, así me muevo y hago algo", explicó sabiamente.
Quién iba a pensar que ese señor iba a hacer lo que al final hizo. Pero vamos, quién no da por supuesto cosas que no son ciertas, quién no comete equivocaciones, quién no saca conclusiones erróneas. A todos nos pasa.
El caso es que me preguntó y le conté mi presentación estándar (mi "gym speach"): ocupación, edad, carrera y frecuencia de uso de las instalaciones del gimnasio. Él llevaba una semana apuntado y estaba encantado. Su hijo, me contó, sí que tendría que empezar a hacer un poco de deporte "porque ya se lo digo yo, te estás poniendo muy gordo". Yo asentía.
Todo era normal, tengo un imán para este tipo de conversaciones así que las sé manejar con solvencia, aparentando ser mejor persona de lo que realmente soy.
Me até las zapatillas y le dije que me iba al lío. Entonces él me comentó que su clase ya había acabado, pero que antes de irse... "entraré aquí un rato". Dicho y hecho. El tío se metió en la sauna. Con zapatillas, calcetines, camiseta y chándal. Con un par.
No pude reaccionar. No supe acercarme a la sauna, golpear con los nudillos y luego explicarse que le sobraba ropa. No sé, me resultaba violento, preferí no darle yo ese chasco. Imagino que la sudada que se pegó sería de escándalo. Todavía me lo imagino, deshidratado y empapado, preguntándose qué tendría de sano ese cuartucho del demonio.
¿Lo veis? Un post calentito para vencer a la climatología adversa.
A los monos este frío nos pone de mala leche.
Ya valdrá ¿no?
.